Nicolás II, último zar de Rusia, fue el monarca que presenció el fin del reinado de la familia Románov. Ascendió al poder en 1894 hasta 1917, período marcado por guerras, crisis internas y la incapacidad de adaptarse a los cambios políticos, lo que culminó con su abdicación y posterior ejecución junto a su familia en 1918.
Biografía y ascenso al trono
Nicolás Aleksándrovich Románov nació en 1868 en Tsárskoye Seló, hijo del zar Alejandro III y de la emperatriz María Fiódorovna. Una vez muerto su padre en 1894, asumió el trono cuando tenía 26 años. Su coronación en 1896 en Moscú lo convirtió en el último representante de la dinastía Románov, que gobernó Rusia desde 1613. Nicolás nunca se sintió preparado para gobernar, ya que él mismo llegó a reconocer que carecía de experiencia y habilidades políticas para dicho puesto.
Un reinado marcado por crisis
El zar mantuvo una visión autocrática del poder, negándose a introducir reformas políticas en un país que clamaba por cambios, lo cual generó enfrentamientos con obreros, campesinos y sectores liberales. La Guerra ruso-japonesa, en 1904 -1905 constituyó un desastre militar y económico que debilitó aún más su legitimidad. Después de la Revolución de 1905, se obligó a Nicolás a aceptar la creación de la Duma, un parlamento con poderes limitados, no obstante, el Zar siguió resistiéndose firmemente a cualquier avance hacia la democratización.
La situación empeoró con la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918. Nicolás tomó personalmente el mando del ejército, las derrotas y grandes pérdidas humanas minaron la confianza del pueblo. Mientras tanto, en la corte imperial crecía la influencia de Grigori Rasputin, un místico que generaba sospechas y escándalos, debilitando aún más la imagen del zar.

La caída del zar y la Revolución de febrero de 1917
Su reinado llegó a su fin cuando, intentando volver del cuartel general a la capital, el tren del Zar fue detenido en Dno, gobernación de Pskov, y fue obligado a abdicar. El zar y su familia fueron apresados, primero en el Palacio de Alejandro, en Tsárskoye Seló, después en la casa del gobernador de Tobolsk y finalmente en la Casa Ipátiev, en Ekaterimburgo. Nicolás II, junto a su esposa, su hijo, sus cuatro hijas, el médico de la familia imperial, un criado personal, la camarera de la emperatriz y el cocinero de la familia, fueron ejecutados en el sótano de la casa por los bolcheviques en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918.
Posteriormente, Nicolás II, su mujer y sus hijos fueron canonizados por la Iglesia ortodoxa rusa (fuera de Rusia). Su hija menor, Anastasia Romanov, ha sido motivo de numerosas leyendas en torno a que fue la única sobreviviente de aquella ejecución, ya que su cuerpo fue el último en ser encontrado.
Legado histórico
Nicolás II es recordado como un gobernante incapaz de adaptarse a los tiempos modernos. Su carácter tímido, inseguro y profundamente conservador, lo llevó a ignorar las demandas de su pueblo. Su reinado simboliza el choque entre el viejo régimen autocrático y las fuerzas sociales de aquella época que buscaban un sistema más justo y representativo.
En la actualidad, su figura genera debate, para algunos es un mártir, canonizado por la Iglesia Ortodoxa rusa en el año 2000; para otros, un monarca débil cuya obstinación aceleró el fin del imperio. Lo cierto es que su caída marcó el inicio de una nueva era en Rusia: la era soviética.
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